
2023 debería sonar como muy a futuro, ¿no?
El mes pasado he renovado el carnet de conducir y tiene como fecha de próxima renovación Diciembre de 2032. Eso sí que suena a futuro.

2023 debería sonar como muy a futuro, ¿no?
El mes pasado he renovado el carnet de conducir y tiene como fecha de próxima renovación Diciembre de 2032. Eso sí que suena a futuro.

Tengo el libro ahí parado en la estantería, lo que debería darme una cierta verguenza teniendo en cuenta que en su momento comencé un proyecto de lectura para ir pasando por todos los Premios Hugo de novela (je, realista que es uno), y este debería haber sido de los primeros en llamar mi atención… y nunca me he atrevido. Tampoco tenía muchas esperanzas en que esto llegase a alguna adaptación audiovisual… las historias de grandes imperios cuyos planes se miden en siglos requieren efectos visuales de los caros, y no todo el mundo está por la labor. Apple se ha metido en el lío con Fundación, y en ambos casos ya estamos a la espera de las siguientes entregas (en cine o streaming, en película o serie, ya tanto me da una cosa que otra).
Dicen que fue una de las mejores películas del 2021, pero teniendo en cuenta de dónde veníamos y que no se estrenó prácticamente nada en salas, eso y decir nada viene a ser casi lo mismo. Pero si tengo que opinar, que a eso hemos venido, me quedo entre dos aguas. Me ha tenido atrapado durante todo el metraje (y ojo, que no es corta), y a la vez me falta un “algo”. Es visualmente espectacular, y a la vez le fallan algunos diseños de producción que no terminan de cuajar del todo. O simplemente le falta un alma que me encaje con lo que yo busco. Tengo la misma sensación que con el Avatar de James Cameron, que también va a ser continuada en breve… no puedo tener ninguna queja real, de algo palpable, pero algo me dice que no va a crear poso en mi mente y no se va a convertir en un referente en mis mitologías particulares. O quizá espero mucho. Quizá estoy ya tan acostumbrado a sentirme decepcionado con la ciencia-ficción de los últimos años que cuando no tengo de qué quejarme ya no sé cómo reaccionar. Quizá el Dune de Denis Villeneuve sea un peliculón como la copa de un pino y como poco me ha hecho ir a por el libro a la estantería y ponerlo el primero en la pila de pendientes, para ser el siguiente en leer.
Recordemos que la vez anterior que se intentó hacer una adaptación de Dune, David Lynch se vino arriba.

Y recordemos que, durante un tiempo, existió la posibilidad de que Jodorowsky se hubiese venido incluso más arriba.

Puestos a escoger, creo que tengo poco de lo que quejarme. Qué carajo, sí que tengo algo: la necesidad de crear películas-franquicia, de no terminar más que en un gran continuará cuando pasarán dos años desde el estreno hasta poder ver la segunda parte. De eso sí me quejo. Ya decía yo que algo tenía que haber.
Estaba yo viendo su última película cuando me dio por echarle un vistazo al histórico de peliculotes en los que ha ido participando Tom Cruise a lo largo de su vida, y me encontré con que en mi mente creía haber visto Risky Business (1983), pero en un derrape cerebral la estaba confundiendo en realidad con Cocktail (1988).

Ay amigo, no. Qué bonito es ver estas cosas, que tienen ya sus buenos 40 años, y tener la suerte de no haberlas visto antes. No era la primera película de Tom Cruise (me he dejado apartadas Taps y The Outsiders para volver a verlas dentro de poco), aunque creo que probablemente sí fuera su primer papel protagonista. Y casi, casi era el estreno de Rebecca De Mornay (sólo había tenido otro papel anterior en una película de Coppola). Qué jovenzuelos.
Pero ojo al tema: un adolescente de instituto se queda sólo en su casa de niño bien durante unos días y la lía pardísima, hasta optar por solucionar sus deudas volviéndose un proxeneta y convirtiendo la casa familiar en un prostíbulo para sus compañeros de instituto.
Lo has leído bien. El shock que produce ver esta historia en el año 2022 lo hace magnífico. Es que sólo puedo recomendarla.

Y de Top Gun: Maverick (2022) qué os voy a contar. Ni el director ni yo sabemos de qué va. Aparentemente hay que realizar una misión ultra secreta en un país desconocido (#truestory, no sabemos quién es el enemigo porque queda feo tener enemigos hoy en día), y llaman al abuelo que estaba ya para retirarse para que entrene a una chavalada que nunca ha entrado en combate. A nadie sorprende que el abuelo tenga que acabar cogiendo otro avión para ir a pegar tiros. No tenemos claro qué país misterioso es ese que tiene aviones ultra secretos mejores que los americanos pero por alguna razón no va a entrar en guerra con ellos tras ser bombardeados. Es que todo es un disparate.
Aparece Jennifer Connelly por ahí, por el qué dirán si no tenemos un interés romántico, y un Val Kilmer muy mayor. Y parece que estoy hablando fatal de la película pero la verdad es que me tuvo entretenido un buen rato con aviones fium fium y ratatatata y esas cosas del querer. Y tiene una banda sonora fantástica, como si se hubiera rodado en los ochenta (del 86 es la película original y le hubiesen pegado las canciones). Se deja ver pero tienes que saber a lo que vas y dejar antes el cerebro en la mesilla.
Tom Cruise desde 1983 hasta 2022. Ha llovido.
Por dentro soy un señor mayor. Disfruto del placer de consumir música en soportes físicos, en discos de vinilo o CDs. Sigo buscando un buen reproductor/grabador de minidiscs para poder usarlo algún día, y creo que en el año 2022 con eso está todo dicho.
Sin embargo, una gran cantidad de lo que consumimos es en un formato digital, archivos o streaming. En una de las dos opciones el control de los bits es tuyo, en el otro pagas por un alquiler, una licencia de reproducción, que te sigue dando acceso a los mismos bits mientras sigas pagando. En mi caso prefiero que mis bits sean míos. Así que sigo haciéndome mis propias mixtapes, en este caso colecciones de emepetreses (quien dice mp3 dice un abanico de formatos, pero nos entendemos). Busco, investigo, descargo, edito, les doy etiquetas ID3, les hago una carátula, a veces incluso los tuesto en un CD. Soy un señor mayor.
Por ejemplo, este disco de septiembre:

¿Tiene esto algún sentido, hay algún hilo conductor? No, más allá de que son canciones que me he encontrado escuchando en repetidas ocasiones durante el mes de septiembre. Algunas de las mixtapes que hago sí tienen un tema relacionado, pero en este caso sólo ha sido la cantidad de veces que he pulsado play.