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    Si no has visto esto durante el 2012 estás desperdiciando tu tiempo

    Mucho mejor título para el post que cualquier “Los mejores del año” y similares, dónde va a parar. Es en mi caso una lista tramposa, porque voy a contracorriente de las novedades del mercado: aún no he jugado a un sólo videojuego que se haya publicado durante el 2012, llevo más de un año de retraso con cualquier tebeo episódico y hace tiempo que no he leído novelas de hace menos de veinte años para acá, y es que a veces soy tan hipster que me paso por el extremo contrario. Sin poder opinar aún de muchas cosas que quizá si llamen mi atención – ¿por qué aún no he visto Cabin in the Woods? --, estrenadas durante los últimos meses, os dejo esto, que es de lo bueno lo mejor, de lo mejor lo superior:

    Los Vengadores de Joss Whedon

    Los Vengadores (The Avengers, Joss Whedon, 2012)

    Tras algunos ensayos con mayor o menor acierto en forma de las películas previas de cada uno de los personajes protagonistas, Marvel Studios se reafirman como los únicos capaces de entender de qué va esto de los tios en mallas de colores, haciéndonos llorar por dentro por los derechos malvendidos de Spider-Man y X-Men a otras productoras. Meándose por el camino en la impostura y el dramatismo forzado de cada escena de Christopher Nolan y su Hamlet vestido de murciélago, Joss Whedon se consagra por fin con la dirección de un blockbuster que contenta a crítica, público y estudios. La película divierte, emociona, respeta al fan y llena de colorido nuestros adolescentes corazones viendo cómo Hulk y Thor se cascan. Whedon is my master now.

    Sword Art Online

    Sword Art Online (ソードアート・オンライン, A-1 Pictures, 2012)

    En un futuro cercano, en el que las conexiones a juegos online se realizan mediante dispositivos totalmente inmersivos – ves, oyes y sientes lo que le ocurre a tu personaje – el día de estreno del juego más esperado de la temporada todos los jugadores descubren que no pueden desconectarse. Su megalómano creador lo ha trampeado para que nadie pueda salir de él hasta que terminen todos sus retos y, mientras tanto, una muerte en este mundo virtual significará la muerte de tu cuerpo físico en el mundo real. Mientras esperamos con ansia que alguien invente algo parecido – ¿a qué esperas Google? Déjate de gafas e invierte en algo así --, nos contentamos con las aventuras de Kirito, el jugador protagonista, y su determinación por terminar el juego. La serie, espectacular como pocas y tremendamente inmersiva para quienes nos hemos dejado nuestras horas nocturnas machacando cabezas de orcos en mundos ficticios, avanza por derroteros sorprendentes, cambia del mundo real al virtual, va añadiendo drama, romanticismo adolescente, aventuras, secuestros, inteligencias artificiales, clanes de jugadores y dragones esqueléticos. Todo BIEN.

    Ryan Gosling en Driver

    Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)

    No llegó a España hasta el 28 de Diciembre de 2011, por lo que no veo descabellado considerarla como película de este año. Una gran dirección estética desde todos los ángulos posibles (fotografía, montaje, música, ritmo narrativo, todo es excepcional). Y The Gosh. Porque si algún tipo duro aún no aceptaba que Ryan Gosling se ha convertido en el nuevo modelo de masculinidad, tras Drive ya no queda argumento posible. Lo explicó Jesús Terrés en Nada Importa, léanlo y aprendan. Sobre la película, otros han escrito más y mejor que yo, y tiene mucho sobre lo que opinar. Busquen.

    Project X

    Project X (Nima Nourizadeh, 2012)

    Un director novel, actores desconocidos, un videoclip de hora y media que retrata y acentúa el concepto de “La fiesta”, como bien explicaba @AlvaroMortem en su blog Sky Was Pink. Una excepcional banda sonora que enmarca las escenas más salvajes del único modo que se puede hacer – grabando la fiesta en sí misma --, pese a que habrá pasado desapercibida para muchos, que la habrán tomado como un simple ejercicio visual o una gamberrada adolescente, siendo ambas cosas y más.

    Miércoles de tebeos: El Daredevil de Kevin Smith y Joe Quesada

    Nací en 1979, y durante siete días conocí los setenta. Si los ochenta definieron mis (nuestros) recuerdos de infancia y nuestra formación como personas, los noventa son el despertar cultural de nuestra generación, y con esto se entienden muchas cosas. Los noventa son la llegada del manga, las películas de Kevin Smith en VHS – que aún guardo en alguna caja --, las canciones de Nirvana y el pensamiento de que La Universidad – en mayúsculas – es una institución respetable que te convierte en mejor persona.

    En Marvel estaban sufriendo su propio rito de paso, prácticamente recuperados del desmantelamiento editorial que supuso la fundación de Image Comics, encontrando nuevas estrellas. Cuando las series de mutantes dominaban las ventas hasta donde alcanzaba la vista, personajes hoy imprescindibles pasaban por sus horas más bajas: clones y cambios de identidad en un sindiós del que tardarían años en sacar a algunas colecciones.

    Marvel Knights

    En esta situación surgió el sello “Marvel Knights”. Varias colecciones, prácticamente muertas hasta el momento, con nuevos autores y argumentos. Es decir, una maniobra comercial como cualquier otra, una excusa para revitalizar ventas en un mercado en decadencia como era el del comic-book, pero que visto en perspectiva representó el principio del cambio a la Marvel que tenemos hoy en día. Y de esta primera hornada de series probablemente fuera la más notoria Daredevil, guionizada por un Kevin Smith recién glorificado en el cine independiente freak y dibujada por Joe Quesada antes de que llegara a ser editor en jefe de toda Marvel.

    Daredevil - Diablo Guardián

    Te echamos de menos, Karen.

    Entrando en materia: es un tebeo excepcional. Un punto de inflexión para el personaje, preparándolo para una larga etapa de casi quince años ya de grandeza argumental – Daredevil ES lo mejor de Marvel. Daredevil ES Marvel --. Cuenta con los ingredientes precisos: una historia autoreferencial que respeta al personaje, unos cliffhangers de espanto, recuerdo de cuando los tebeos todavía se contaban con historias de 24 páginas, una villano con sorpresa y, lo más importante de todo, la sensación de que el tebeo no quiere crear historia y marcar al lector, sino simplemente ser respetuoso con cómo deberían hacerse estas cosas. Con una historia hija de los noventa que pone la primera piedra de lo que se vendría a construir, el guión de Smith sorprende por su calidad para un primerizo en el cómic mainstream, cualidad que se entiende desde lo cinematográfico de la narración, con un excepcional uso de los personajes secundarios de la serie. El arte de Quesada está en uno de los puntos más altos de su carrera, antes de que se pusiera experimental o sus labores editoriales le mantuvieran apartado de la mesa de dibujo. Ocho números, un principio, un fin. Perfecto.

    ¡Mal, cine de ciencia-ficción, mal, eso no se hace!

    Veo el trailer del remake de Desafío Total (Total Recall, 2012) protagonizada por Colin Farrell, Jessica Biel y *ay* Kate Beckinsale y me emociono. Luego veo la película y se me viene el mundo al suelo. Tres cuartas partes del film son una orgía visual desatada y excesiva, un diseño de producción de Blade Runner mal entendido que mantiene la atención apartada del argumento con coches flotantes, putiferio robótico y luces por doquier. Sin embargo, ante un espectador motivado mantiene el tipo con la incógnita de cuánto tendrá de diferente con la maravillosa versión original de Schwarzenegger dirigida por Paul Verhoeven (Total Recall, 1990).

    Llega entonces el último acto y el castillo de naipes se viene abajo con una retahíla de decisiones injustificables, villanos de opereta que explican su plan, planes de invasión que no tendrían sentido ni en el más absurdo de los tebeos americanos de los noventa, y una gran explosión (eso BIEN). Uno sólo puede echar de menos los tiempos en los que el cine de género era cine de género, y no intentaba contentar a espectadores fuera de su nicho.

    Total Recall - Kate Beckinsale

    El protagonista es Colin Farrell, pero me da igual.

    Desalentado por este aparente fracaso, me refugio en Cowboys & Aliens (2011). La premisa es perfecta: los marcianos llegan a la tierra en la época de la conquista del oeste americano. Naves espaciales, lásers, escopetas, indios y caballos. Y Olivia Wilde. Todo ello dirigido por Jon Favreau. Sólo podría tener más puntos a favor si también apareciesen ninjas y dinosaurios, pero tampoco hay que abusar. Y una vez en marcha… la desolación. Actores sobreactuados, escenas de acción mal llevadas, media docena de personajes que sobran, un cambio de motivación del protagonista a mitad del metraje, personajes que resucitan en un deus ex machina vergonzante y… trato de ser positivo, pero no es sencillo.

    Cowboys and aliens - Daniel Craig Olivia Wilde

    Daniel Craig y Olivia Wilde en Cowboys & Aliens

    No hablaré hoy en este lugar de Prometheus (2012) porque, aunque recuerdo salir del cine con una horrenda impresión, ciertas cosas dejaron un poso que estuve rumiando durante varios días, detalles que podrían convertirse en un gran SÍ entendiendo la película como primer episodio de una saga. Necesito un revisionado con calma antes de volver a ella.

    En cualquier caso, con todas estas premisas, ¿qué esperar del After Earth de Shyamalan con Will Smith y familia?

    ¿Qué esperar del Oblivion de Tom Cruise y Morgan Freeman?

    Peor aún, ¿qué esperar de El juego de Ender?

    Del fanservice como nueva cultura pop

    Hace poco terminaba de ver la primera – y, aparentemente, única – temporada de High School of the Dead, la serie de animación de Madhouse basada en el manga de los hermanos Daisuke y Shoji Sato, y sólo podía pensar en que la definición de fanservice se le quedaba corta. Este término, heredado precisamente del universo del manga y anime pero aplicado hoy día a casi cualquier obra cultural, trata de explicar esos elementos o escenas colocados ahí exclusivamente para complacer algún deseo oculto del espectador. No añaden nada a la obra o a su narrativa, pero satisfacen instintos.

    En High School of the Dead (HOTD, con su propio acrónimo), los personajes son adolescentes inmersos en las clases de un instituto cuando comienza la invasión zombi, siguiendo todas las reglas y clichés del género sin vergüenza ninguna. Por supuesto en todos los aspectos HOTD raya en niveles de calidad muy altos – impecable técnicamente como todo lo salido del estudio Madhouse --, entretiene y emociona a partes iguales. Pero lejos de tomarse en serio a sí misma, ya desde su inicio comienza a deleitarse en prendas de ropa que se rompen en todos los personajes femeninos, lúbricas y neumáticas carreras con la cámara centrada en aquellas partes de la anatomía más turgentes, armas cada vez más grandes en una orgía de gun-porn, una cantidad contenida de sangre y vísceras – esto me hace pensar por un momento en el gore como uno de los géneros pioneros en el concepto de fanservice, pero lo dejaremos para conocedores del medio – y un largo etcétera. ¿Por qué? Porque es lo que el espectador tipo de esta serie realmente quiere ver. ¿Por qué no dárselo?

    He intentado buscar una ilustración de High School of the Dead sin pechos, pero no la he encontrado.

    Con estos pensamientos en la cabeza le di un revisionado a las primeras temporadas de Community, una de las mejores series americanas de los últimos años, y la amalgama de referencias a la cultura pop que impregnan cada capítulo se hicieron mucho más obvias. Mucho más de lo que ya eran, dentro de una serie también sincera consigo misma desde su impredecibilidad argumental. En Community el personaje de Abed es incapaz de percibir la realidad desde fuera de su particular perspectiva de amante del cine y la televisión, haciendo continuos paralelismos – chistes para el espectador – con la historia del medio, proporcionando un mayor grado de implicación emocional con el público. No añade nada – casi nunca – a la trama, pero entretiene a un tipo de espectador concreto. Desde este punto de vista, incluso la elección de Chevy Chase como parte del reparto es en sí mismo parte del fanservice, rescatando a una vieja gloria del humor televisivo. Todo está impecablemente medido en Community, consiguiendo una fidelidad inusual por parte del público, que percibe la serie como “algo suyo”. “- ¿Cuál es el sentido de la Navidad? - La primera temporada de Perdidos”.

    Troy and Abed in the morning, en algunos finales de episodio de Community.

    Al varón adolescente le damos zombis, culos, disparos y explosiones. Al treintañero amante de la televisión le damos continuas referencias a la historia del medio y cameos de actores de otras series. Entonces maduremos todos (los espectadores o lectores, como gran gremio conjunto de hermanos) y no nos ofendamos porque a las hormonadas adolescentes Crepúsculo les da vampiros redimidos en búsqueda de un concepto caduco y trasnochado de amor, porque eso es precisamente lo que quieren ver y lo que les gusta y complace. No nos llevemos las manos a la cabeza porque la comunidad s&m afirme que el comportamiento de los protagonistas de 50 sombras de Grey no es creíble, ya que no es eso lo que importa. No se busca credibilidad, no se busca realismo, se busca satisfacer a un tipo de público concreto con pequeños detalles que realmente no añaden nada, pero complacen a su consumidor haciéndole pensar que sí importan. Desde esa perspectiva, todas son grandes obras comerciales.

    Taylor Lautner/Jacob ¿Tiene que quitarse siempre la camisa? Obviamente sí, es lo que se espera del personaje.

    Miércoles de tebeos: Umbrella Academy

    Los dos tomos de Umbrella Academy publicados hasta la fecha, de título Apocalypse Suite y Dallas, forman uno de los mejores tebeos editados durante la primera década de este siglo. Y así, haciendo grandilocuentes declaraciones incomprensibles para muchos, es como he decidido empezar hoy.

    Plagado de referencias a la cultura pulp y pop, el guión de Gerard Way – sí, acabemos con esto cuanto antes, el mismo Gerard Way que es vocalista de My Chemical Romance – es un excelente caldo de cultivo para el dibujo de un Gabriel Bá detallista e imaginativo, en la línea del arte de un Mike Mignola o Eduardo Risso con más calor y color.

    Umbrella Academy, ilustración de Gabriel Bá

    Por supuesto, una historia que incluye superpoderes, locos viajes en el tiempo, vampiros del vietcong, robots asesinos o peces de colores líderes de organizaciones secretas tiene todos los ingredientes para poder experimentar y sorprender al lector. Y hay monos. Todo el mundo sabe que con monos todo es más divertido.

    Con el primer arco, Apocalypse Suite, se plantean las premisas que moldean a los personajes protagonistas, y se narra un primer argumento cerrado que es la perfecta introducción a la serie, premio Eisner y Harvey del año 2008 – a la mejor serie limitada y mejor nueva serie respectivamente --. El segundo, Dallas, entra en mayor profundidad en el carácter de cada personaje sobre el grupo y, aunque a mi juicio tiene quizá peor ritmo que el primer tomo, se viene arriba con un explosivo e inesperado final. Pese a haber sido anunciado un tercer tomo, lleva ya años de retraso y albergo dudas con que llegue a ver la luz, aunque el carácter autoconclusivo de cada tomo no impide el tremendo disfrute que proporcionan las páginas publicadas hasta ahora.

    Del cine de hostias como panes

    Me entristecen los diálogos vacíos sobre cine de género, los "qué mala es" porque la protagonista no es una niña con cáncer adoptada por una madre soltera y luchadora, me ofenden los "es mala pero te ríes" y, dependiendo del día, incluso los "ni la he visto ni la veré" porque cruzándose en la narración principal se solapan un par de galletas bien dadas al malo de turno. Decepciona que tantos espectadores no vean la otra narración, llevada únicamente por las hostias como panes.

    El año pasado Steven Soderbergh firmaba Indomable (Haywire, 2011) un thriller de acción y espionaje plagado de estrellas con todos los clichés del género. Michael Douglas, Antonio Banderas, Ewan McGregor, Michael Fassbender, y una Gina Carano que a los cinco minutos de metraje le estampa la cara a Channing Tatum contra la barra de un bar. Repetidas veces. Marcando desde el principio el tono general de la película, como debe ser; sube al espectador en una montaña rusa y ya no pares.

    Michael Fassbender y Gina Carano en Haywire, minutos antes de darse amor mutuamente

    Quizá sea aquí el único nombre falto de fama el de la protagonista, Gina Carano, la chica mona que aparentemente tendrá que ser rescatada, hasta que los guantazos empiezan a llover y los papeles se invierten. Digna heredera de las películas de acción europeas que ponen un ojo en Hollywood, como las sagas de Transporter o Bourne, Indomable dota de un barniz de realismo a la hostiabilidad empleando como protagonista a una de las mejores luchadoras de campeonatos MMA en su peso, que en sus ratos libres era una de las malvadas contrincantes en el programa Gladiadores Americanos. Arte en movimiento, digno de ser apreciado desde múltiples puntos de vista.

    Gina Carano para la revista GQ. No viene a cuento pero me apetecía compartirlo

    Poco después se estrenaba Warrior (2011) donde Gavin O’Connor dirigía a Joel Edgerton, Nick Nolte y un Tom Hardy de físico inquietante – apena que fuera casi irreconocible como Bane en el último Batman, viendo el miedo que impone aquí – en la carrera de dos hermanos de una familia disfuncional hasta la final de – mencionado por segunda vez en este artículo – un campeonato de MMA. Pasada completamente desapercibida para el público general, tanto la tensión dramática de la historia familiar como la fuerza estética de los combates en pantalla mantienen un ritmo envidiable hasta el último minuto de película.

    Tom Hardy en Warrior

    Guantazos BIEN. Cine BIEN. Palomitas BIEN. Hay que disfrutar de todas estas pequeñas grandes cosas de la vida.

    Cine fantástico, no me robes el final, por favor

    En Monsters una pareja que no es pareja debe atravesar medio México para volver a la frontera con Estados Unidos, cruzando una amplia zona en cuarentena por invasión alienígena. ¿A quién no le ha pasado algo parecido? No nos dejemos engañar por la presencia de marcianos; es una película pausada, de carácter intimista y con una estética que busca el impacto fotográfico de los grandes escenarios abiertos como herramienta con la que transmitir la inferioridad y soledad de los protagonistas. El componente fantástico es anecdótico en la narración, poco más que el MacGuffin que sirve de hilo conductor. Es, sin embargo, llegado el último minuto de la película cuando una melodía silbada te retrotrae a la primera escena, comprendiendo que no era un comienzo, sino un final. El recuerdo es tan vago que puedes dejarlo estar, teniendo un final abierto, o puedes retroceder el vídeo para comprender el dramatismo del final cerrado ante el que te encuentras.

    Monsters (dirigida por Gareth Edwards, 2010)

    Similar efecto ha surtido Take Shelter, donde un padre de familia sufre visiones psicóticas que le sumergen en una espiral de locura. Vívidos sueños relacionados con una gran tormenta le impelen a construir un refugio en el jardín trasero de su casa, realimentando su más que posible esquizofrenia. Largos planos que mantienen la tensión de principio a fin, hasta una última escena, de apenas diez segundos, que explica claramente si las visiones eran una enfermedad mental o adelantos de un futuro por venir.

    Take Shelter (dirigida por Jeff Nichols, 2011)

    En ambos casos, apenas unos instantes convierten un final abierto, una narración con puntos a unir por el espectador, en algo claro, conciso y cerrado. Destruyen la verdadera sensación de completitud en el espectador, la que él mismo se construye, por una artificialidad que deja un vacío, el hueco de los personajes que nos han robado impidiéndonos sacar conclusiones.

    Que también está bien, y así el público no se queja de si la peonza de Inception se cae o no.

    Miércoles de tebeos: Muerte, de Neil Gaiman

    Ahora que está de moda rasgarse las vestiduras porque volvemos a los grandes tebeos de los 80, porque se edita un Before Watchmen, dicen algunos que clama al cielo que Neil Gaiman retome algo de su Sandman, y se nos olvida que esto ya se hizo. Varias veces.

    En 1999, junto a Yoshitaka Amano, en Sandman: Cazadores de Sueños, readaptada a posteriori por Philip Craig Russell. Junto a este último y una serie de autores consagrados como Frank Quitely, Migelantxo Prado, Glenn Fabry, Bill Sienkiewicz o Milo Manara entre otros, se publicó en el décimo aniversario de la serie Sandman: Noches Eternas. Y ahora, al llegar el cuarto de siglo, se está trabajando en un nuevo tomo. Nada nuevo bajo el sol.

    La afable Muerte, dibujada por Chris Bachalo

    En la misma línea que estos añadidos a la historia original han ido apareciendo en paralelo multitud de spin-offs más o menos relacionados con el contenido original, como The Sandman Presents, Lucifer, The Dreaming y un largo etcétera que no me cabría en el artículo ni tengo ganas de investigar. Cabe reseñar las dos obras guionizadas por el mismo Gaiman y dibujadas principalmente por un idóneo Chris Bachalo sobre el personaje de Muerte, hermana de Morfeo, el protagonista de Sandman. Son estas Muerte: El alto coste de la vida (1993) y Muerte: Lo mejor de tu vida (1996).

    En El alto coste de la vida nuestra Muerte adquiere cuerpo y vive un día entre los mortales, como hace una vez cada cien años para no olvidarse de muchas cosas que parecen importantes cuando tienes un trabajo como el suyo. Poco sucede en estas páginas, de cadencia lenta: algún personaje estrambótico, algún personaje cuerdo, algo de magia y la sensación de haber leído algo bonito, como ocurre siempre con los tebeos de Gaiman. Aquí los lápices vienen de un primerizo Bachalo, a quien ya se le entrevén los buenos detalles que tendrá algunos años después, todavía sin algunos de sus vicios más característicos. Perfecta elección de artista – característico por sus personajes de aspecto juvenil – para dibujar a la joven Muerte, siempre jovial y alegre, siempre con su media sonrisa.

    Menos reseñable quizá es Lo mejor de tu vida, donde se retoman un par de personajes (muy) secundarios de la primera historia para narrar un pacto con Muerte a cambio de un poco más de tiempo, y las consecuencias que acarrea en forma de decisiones que deben ser tomadas. Se nota más madurez en el arte de Bachalo, aunque algunos lápices son del entintador habitual, Mark Buckingham, bajando el nivel general de la serie. Tiene la historia de Gaiman algunos destellos puntuales, pero la impresión final es que podría haberse hecho algo más con esta segunda miniserie.