El Viernes me dijeron que me vieron sonreir feliz y contento, y que hacía tiempo que eso no pasaba. Exageraban un poco, pero también había una parte de razón en eso. Ayer Domingo, por primera vez en mucho tiempo, me apetecía que llegase el Lunes para venir al trabajo. Y por razones puramente profesionales. Sorprendente. Cómo cambian las cosas en tan poco tiempo.
- Erroll, dime algo bonito
- A ver si te gusta esto. Tengo un cimbel matutino con la forma de un pepino que por delante echa gotas y por detrás…
- ¿Y por detrás qué?
- Le cuelgan dos pelotas.
- Voy a probar ahora otra vez hija mía, a ver si te gusta. Si quieres ver lotería bájame los pantalones y verás el premio gordo con dos aproximaciones.
La última vez que escribí en el blog que iba a dar de alta un contrato con Yoigo fue en Mayo. Seis meses después acabo de hacerlo. No está mal.
Me tienen que mandar un Motorola V3xx que es un móvil sencillito y barato, muy bonito, y que es justo el siguiente modelo a mi V3, con lo único que le faltaba que era lector de tarjetas de memoria. Podía haber cogido algún otro modelo mejor pero, sinceramente, para lo que uso el móvil ya me basta y me sobra.
Durante el último mes me han llamado en dos ocasiones de Orange (mi operador actual) para ofrecerme distintos tipos de contrato, pero todo lo que ofrecían era sensiblemente más caro. Las teleoperadoras no sabían muy bien qué decirme cuando a su “te ofrecemos 18 céntimos en la franja horaria de tal a cual” yo les respondía “hay otros operadores que me ofrecen 12 a todas horas”. Ya os contaré si finalmente el servicio es bueno o no.
Además ahora ofrecen llamadas entre teléfonos Yoigo a 0 céntimos/minuto, así que ya veremos si alguien más se apunta en mi entorno habitual y ahorro más dinero.
Nota: Hasta aquí ha sido gratis. Si eres comercial de Yoigo y lees esto ofréceme algo y yo sigo la labor de evangelización.
Y, para seguir con el tema de la procrastinación, un año después de abrir una cuenta nómina en ING-Direct, acabo de abrir la cuenta naranja (que es la que puede dar beneficios). Eso sí que es procrastinar, no acordarse de algo que es directamente positivo para ti exclusivamente por… dejadez.
Between two dumb things, I always pick the one I have never tried before.
La guerra es la paz. La libertad es la esclavitud. La ignorancia es la fuerza.
George Orwell, “1984”.
Aunque es alguien a quien no conozco y lo hace hablando de sí misma, pero este párrafo de Petite Princesse me ha llegado al alma:
Estoy en un estado de individualismo en crecimiento exponencial, estoy inquieta, nerviosa, expectante ante esta sensación interior que me suplica que me separe del mundo, que desea hacer de la autosuficiencia algo más que una fantasía, llegar a transformar esa idea en realidad, ser yo un todo en mi misma y prescindir de cualquier otra persona. Me siento fría, dura, áspera, incuso indolente con los demás y sus sentimientos, y confieso que no me afecta demasiado.
[…]
Pero a la vez siento una soledad aplastante, como si más allá de esa cáscara no existiera más que vacío. Como si nadie, absolutamente ningún ser en el universo pudiera darme consuelo, como si fuera yo sola contra el mundo.
Recomiendo leer el post completo.
El burlador de Castilla, secuencia del balcón, Toma uno:
[…]
Secuencia del balcón, cuarta.
Acabo de acordarme, con tanta tontería acerca de la sabiduría, de todos los sketches de… creo que era El Informal, que comenzaban con aquello de “Me congratula que visites mi teeeeeeemplo… de sabidurida”. Ale, todos a visitar Youtube ahora mismo a echarse unas risas.
Una vez publicado el anterior post he visto que el enlace creado añadía automáticamente un “-2” al final, indicando que ya existía otro post con el mísmo título. Lo he buscado y me he estado riendo un rato con la frase de “Gandalf era un hechicero muy sobreestimado”.
Qué cosas se encuentran en cuanto el número de posts de un blog comienza a ser lo suficientemente grande. He aprovechado para cambiarle el título al último.
Si volviera a nacer cometería los mismos errores, sólo que los haría antes.
Encontrado leyendo el último post de El sentido de la vida. Lástima que ya no escriba tan a menudo como antes.
Llevo varios fines de semana saliendo de fiesta sin parar. Y se acabó. Ya recuerdo por qué hacía tanto tiempo que no lo hacía. Uno comprueba la franca decadencia a la que llega el ser humano al alcanzar determinadas edades y seguir comportándose como si tuviera quince años. Por otra parte, cuando yo tenía quince años jugaba con los G.I.Joe y al fútbol con mis amigos y todavía me quedaba mucho tiempo para eso de “salir de fiesta”.
Honestamente, hace tiempo que dejé de creer que un local oscuro, con la música a un volumen insano que te impide hablar y un alto porcentaje de la población con un contenido etílico en sangre excesivo sea el mejor sitio para pasarlo bien. Es que yo además no bebo, por si alguien aún no lo sabía. Es divertido ver como otros se emborranchan, pero sólo el primer millón de veces. Después empieza a ser repetitivo.
Y esos momentos de “es que esa me ha dicho que le molas” de verdad me hacen ver que, efectivamente, estoy rodeado de gente con doce años mentales, hacen que coja mi abrigo y mi bufanda (que en Madrid empieza a hacer mucho frío ya) y me vaya a mi casa apestando a tabaco, encienda la calefacción, y me ponga una peli a las tantas de la mañana. Lamentablemente, haciendo balance al día siguiente, el rato de la película al calorcito acaba siendo lo mejor del día. Incluso contando que no la terminé de ver porque me estaba quedando dormido, claro…
El caso es que para este próximo fin de semana ya tengo apalabrada la tarde/sobremesa del viernes, la noche con una fiesta de cumpleaños de tres personas y el sábado con otra fiesta de completos y absolutos desconocidos en su mayor parte. Y una tercera fiesta a la que probablemente no podré ir por coincidencia con alguna de las anteriores, aunque queda como reserva por si otro plan falla. Y el caso es que, exceptuando la sobremesa del viernes, no me apetece demasiado ningún otro plan.
No sé si será el síndrome del lunes o será que me estoy haciendo (más) mayor, pero creo que como no consiga una inyección anímica (metafóricamente hablando, claro) de aquí al viernes, al final mi plan consistirá en quedarme en casa viendo más películas. Y morir soltero.